Blogs y PP, por Juan Varela
Cuaderno de bitácora de Víctor Romero
Con una primera edición de 10.000 ejemplares agotada en cinco semanas y publicado por la misma editorial que el éxito ¿Quién se ha llevado mi queso?, El Club del liderazgo amenaza con convertirse en una versión española del libro de auto ayuda laboral estadounidense. Sus autores, José Antonio Sáinz y Juan Carlos Cubeiro, directores de una consultora especializada en gestión del talento, lo han estructurado en cinco monólogos amenos y muy sencillos, parodiando a los distintos prototipos de directivos, según publica Cadenaser.com. En un país donde el 70% de los empleados que se va de una empresa esgrime la mala relación con su jefe como motivo de su marcha, por encima incluso de un mal salario, el libro es recomendable para cualquiera que tenga a su cargo a algún empleado o lidere un equipo. Fácil y ameno, "está escrito para leer durante un puente aéreo".
Una de dos, o yo vivo en la luna de Valencia o hemos somatizado de tal forma la llamada guerra de los medios que ya nada nos sorprende ni nos deja atónitos. A ver: Informe Semanal emite un reportaje sobre la vorágine del urbanismo valenciano. El asunto, no por novedoso, es portada en la prensa valenciana; ha sido debatido en el Parlamento Europeo; ha condicionado la elaboración de una nueva ley urbanística en la Comunidad Valenciana; concentra grandes dosis de protagonismo en el debate político local; afecta hasta el más pintado (porque quien más o quien menos no tiene dinero para comprarse una vivienda mientras la construcción se acelera sobremanera, o ha vendido a precio de oro sus campos de naranjos para verlos sustituidos por una torre de apartamentos o un chalet adosado); es el eje discursivo de muchos paisajistas, arquitectos y urbanistas; genera enormes tensiones en ayuntamientos de todos los colores y sabores; hace ricos a muchos; empobrece a otros menos; mueve millones de euros; alienta las más bajas pasiones monetarias; marcará sin duda la fisonomía de la costa y el interior valencianos . En definitiva, me lo aclaren, por favor ¿consideran ustedes que esto no es noticia?
La CIA ha abatido en territorio paquistaní a 18 civiles mediante un ataque aéreo convencidos sus pilotos de que en una pequeña aldea fronteriza con Afganistán se encontraba el número dos de Al Qaeda Ayman al Zawahiri. Según las fuentes citadas hoy por todos los medios de comunicación, Estados Unidos no contaba con autorización para esta operación: es decir, ha actuado de manera unilateral, con una intervención militar en territorio sobre el que no tiene soberanía y ha bombardeado a civiles. Pakistán sostiene que Al Zawahiri sigue vivo y que ni siquiera se encontraba en el lugar atacado. Estoy casi convencido de que a los defensores de las teorías hungtintonianas del choque de civilizaciones les parecerá una mera anécdota lo que ha ocurrido en Pakistán. A mi me parece sencillamente una aberración.
Lo cierto es que no tenía previsto escribir sobre el caso Mena. Entendía que el sentido común del ciudadano de a pie se impondría sobre cualquier otra interpretación, consideración y aprovechamiento vil de las palabras de este alto mando militar. En un estado democrático como el nuestro todo el mundo tiene derecho a opinar, por supuesto. Mena podría haber opinado. Podía haber dicho que no le gusta el Estatut reformado de Cataluña, que le parece excesivo, que no es acorde con su idea de España o que contiene elementos que a su juicio sobrepasan los límites constitucionales. Quizás sea cierto que hay estamentos castrenses que comparten las ideas de Mena. Es más, estoy convencido de ello. Lo extraño sería precisamente lo contrario. Estaba en su derecho. Pero no hizo eso. Hizo algo más. Utilizó su posición de segundo de a bordo de los que tienen la llave de los tanques para lanzar un mensaje inadecuado: recurrió al artículo ocho de la Constitución para introducir un elemento disuasorio en el debate político bajo la amenaza de la intervención militar. Es por tanto la conjunción de su posición jerárquica, el mensaje exhibido y el contexto elegido lo que desautorizan completamente a este militar y le hacen merecedor de la sanción impuesta y su cese. Este hecho es inaudito, de extrema gravedad. Porque a muchos puede no gustarles lo que trae consigo el Estatut, pero hasta la fecha todos los movimientos políticos en torno a este asunto se han producido dentro de las reglas del juego democrático
Los chicos de Mediamed Comunicación Digital parece que van en serio. La nueva sociedad capitaneada oficialmente por Francisco Javier García del Moral (Beta Capital, ligado por amistad familiar con el portavoz del Consell valenciano Esteban González Pons) se ha hecho de manera indirecta con trece licencias en otras tantas demarcaciones comarcales de las 14 totales en las que estaba distribuido el reparto de la Televisión Digital Terrestre. Su objeto social lo dice todo: "Creación y explotación de un grupo de comunicación social, preferentemente en el ámbito territorial de la Comunidad Valenciana, a través de medios audiovisuales". Auspiaciado desde sectores democristianos del Partido Popular, con el ex ministro de Justicia José María Michavila (hermano de la jefa de gabinete de Francisco Camps, Ana Michavila) como gran maestro de ceremonias en la sombra, tiene entre sus accionistas a El Semanal Digital (Antonio Martín Beaumont, ex Nuevas Generaciones) y el empresario televisivo castellano leonés José Luis Ulibarri. Mediamed llega dispuesta a invertir 9 millones de euros (1.500 millones de pesetas, cada punto porcentual de participación de sus socios se ha recolectado a 15 millones de pesetas) para poner en marcha todo un entramado de televisiones comarcales.
Lo adelantó en exclusiva ayer www.elconfidencial.com No solo la COPE, Jiménez Losantos y Vocento aparecen como los grandes beneficiarios del reparto de licencias de Televisión Digital Terrestre por parte del Consell de Camps. Emboscada como accionista de referencia en muchas pequeñas empresas concesionarias aparece ahora una mercantil bajo la denominación de Mediamed Comunicación Digital que se ha colado de manera indirecta en la adjudicación de programas en nada menos que 13 de las 14 demarcaciones comarcales. Al frente de Mediamed, empresarios vinculados al diario digital El Semanal Digital (Antonio Martin Beaumont, ex de Nuevas Generaciones y amigo de Estebanm González Pons) y Retecal, la red de cable de Castilla y León, con el empresario José Luis Uribarri a la cabeza, muy bien relacionado con algunos dirigentes populares. Con todos los visos de tratarse de una sociedad constituida ad hoc -en el verano de 2005- Mediamed parece se presenta como la típica sociedad creada con calzador, inventada para agrupar en su seno a personas que en su actividad correspondiente no suelen ir de la mano, pero que en esta ocasión se ha unido para hacerse con un notable trozo del pastel de las jugosas concesiones mediáticas. Insisto en lo que ya mencioné en la entrada anterior de Argos: ¿A cuánto cotiza la licencia de TDT en el mercado? El caso es que detrás de Mediamed aparecen también nombres conocidos en la escena económico-social valenciana: Alfonso Bullón de Mendoza (Fundación Universitaria San Pablo-CEU, de nuevo la Iglesia), Construcciones Navales Palacio (Perfecto Palacio, el del barco Ubi Bene, empleado por la familia Aznar y Zaplana en algunas de sus travesías marinas), Ángel Raga (ligado en su día a la televisión alegal de Las Provincias), Juan Carlos Gómez Pantoja (quien lideraba Canal 7 Televalencia), José Adolfo Vedri (Engloba Grupo de Comunicaciones), Fernando Serratosa Caturla, Promociones Mogar (con el constructor Andrés Selma a la cabeza), Corrado Holding, Piqueres Audiovisual y Anroca 91 (Ana María Royo Cabrera). Este grupo de privilegiados creó Mediamed con el objeto de "participar en distintas sociedades concesionarias del espectro radioeléctrico para la prestación del servicio público de Televisión Digital Terrestre". Mediamed es propietaria de, almenos, el 51% de las siguientes sociedades: Mediterránea InformativaTelevisión S.L; Comercial Alyma S.L; TV Castellón Retransmisiones S.L; 43 TVS.L; Comunicación Audiovisual Editores S.L; y Telecomarca S.A., que entre todas ellas han conseguido licencias en 13 de las 14 demarcaciones de la Comunidad Valenciana. El descubrimiento de esta sociedad con estrella no es baladí: Demuestra de nuevo que Camps y su portavoz Esteban González Pons han sabido ser generosos con sus amigos. No en balde, El Semanal Digitial, diario muy vinculado a los populares pero claramente escorado del lado campsista cuando de hablar de la bronca con Zaplana se trata, no ha dudado en informar puntualmente a todos sus lectores españoles de la hazañas del presidente de la Generalitat. El diario digital disfruta desde hace muchos meses de publicidad continuada procedente de la Administración autonómica, con banners perennes de la America's Cup. Todo un regalo, el de la TDT, que demuestra que no sólo ZP y el PSOE reparten canales en abierto a Polanco y "los amigos de La Sexta", sino que apenas hay que mirar en casa para encontrar que en materia mediática todo el mundo juega su partida.

Leo fascinado la noticia de la clonación falsificada de Hwang Woo-suk. Tras algunos días desconectado de Argos por cuestiones técnicas y laborales, regreso buceando en Internet fraudes científicos históricos. Descubro que en la línea temporal de la ciencia han existido y existirán estos engaños. Casi siempre se sustentan en un escenario del crimen similar: La falsificación de las pruebas. Es lo que tiene lanzar primero la hipótesis para después intentar sostenerla. ¿Por qué nos da miedo equivocarnos? Podemos refutar nuestras propias ideas. Sería un ejercicio saludable, acostumbranos a decir una cosa y la contraria. Suele ser nuestro propio entorno el primero en detectar los defectos. Le ha ocurrido a Hwang, al que los investigadores de la universidad en la que trabaja, la de Seúl, son los que le han pillado con el carrito del helado. La mentira es de proporciones colosales: Sólo 9 de las 11 líneas celulares presentadas en la prestigiosa Science eran reales. "La gente podrá comprobar que la tecnología para hacer células madre clonadas de pacientes existe", ha dicho Hwang al tiempo que anunciaba su dimisión. Es el empecinamiento del deseo no realizado: abrir una esperanza infinita a la medicina regenerativa. Ahora llegarán los ataques de aquellos que envueltos en sábanas de moralidad cuestionarán las investigaciones con células madre. Lo ha advertido Bernat Soria, represaliado en Valencia y exiliado a Andalucía. "Los enemigos de estas investigaciones aprovecharán para decir: '¿Veis como todo era mentira?¿Veis como no sirve para nada?' Recuerdo a Galileo, a tantas mentes preclaras condenadas por avanzarse a sus tiempos. Soria despeja directamente a la ciencia psiaquiátrica el caso de Hwang: ha sido víctima del ansia de éxito. Lo desconozco, pero quizás también es víctima de sus patrocinadores, de esos mecenas de científicos que exigen resultados inmediatos para rentabilizar publicitariamente los logros y avances. Paciencia y respeto por los científicos. Me recuerdan a esas personas a las que se les da un problema para resolverlo en tiempo récord. Se encierran en un cuarto, ajenos a cuanto ocurre a su alrededor. Ni un ruido. Silencio. Se crea, se investiga, se descubre. Para que vivamos más y mejor.
Sigo con la serie sobre la equidistancia como opción comunicativa y reflexiva. Doy cuenta ahora de un artículo de opinión publicado en los diarios de la cadena Editorial Prensa Ibérica por Camilo José Cela Conde. De nuevo las reflexiones giran en torno al uso partidista de los medios de comunicación y su empleo como lanzadera de consignas desde las atalayas mediáticas: "El problema consiste en que el periodismo de hoy ha dado de forma clara un paso desde la información a la política. Los medios de comunicación apuestan a menudo por una determinada opción partidista y la apoyan -o denigran a la adversaria- sin molestarse siquiera en simular que están adoptando una postura neutral".
Veo los debates de televisión y me atiborro a chocolate. Me deprime el enconamiento y el sectarismo en el que se ha situado la clase periodística española -y también la valenciana, la de mi tierra-. Los plumillas parecemos portavoces de los partidos. En un lado los defensores de ZP y su política; en el otro los amplificadores del discurso tremendista y catastrófico del Partido Popular. No hay voces intermedias, distantes, equidistantes. La pasión nos arrastra, será por nuestro carácter latino. Se evitan los análisis fríos, alejados del calentón. Debe ser porque no venden, hacen huir a las audiencias. Se prima el insulto. Lo veo cada día en las páginas de Periodista Digital contra el profesor Justo Serna, al que se injuria y dilapida por el mero hecho de aportar argumentos que sustentan sus ideas. Se puede o no estar de acuerdo con él, pero ¿por qué se le apedrea por pensar?. No veo grandes comentarios de refutación de argumentos. Más bien leo bilis, urticaria provocada por dar rienda suelta a la intelectualidad. En cierto modo siento envidia de Serna. Sus artículos remueven las tripas de algunos. Quizás es eso lo que pretenden, que dejemos de pensar. Mientras exista la confrontación irracional y emocional algunos lograrán sus objetivos. Devoro la prensa diaria en busca de atisbos de luz, de fórmulas que despejen los árboles para poder ver el bosque. Creo que a veces leemos y buscamos argumentos en los que identificarnos y apoyarnos. Nos hace sentir que no estamos solos. Que no somos bichos raros. Lo fácil es adoptar la actitud pasional, tomar posición y olvidarse del resto. Lo difícil es mantenerse un paso atrás para poder encontrar el camino. El domingo encontré una luz. Un artículo de Santos Julià en El País: Sin ningún entusiasmo, se titulaba. Aquí lo reproduzco, desde una cierta equidistancia:
Si quieres caldo, dos tazas. Esta es la máxima que los estrategas de Ferraz y Moncloa parece que están asumiendo para contrarrestar la posición de acoso y derribo adoptada por los populares como modelo de oposición. Si hace algunas semanas veíamos a Montilla desempolvar en el Congreso algunas alusiones de Zaplana en las cintas de Naseiro -amplificadas posteriormente por la SER como ejercicio de memoria histórica- ahora Ferraz anda buscando en los entresijos de un crédito que Zaplana logró de la Caja de Ahorros del Mediterráneo para comprarse su lujoso piso de la Castellana de Madrid. La información no es nueva. Apareció publicada hace ya varios meses en el diario Levante-EMV (http://www.levante-emv.com/), y hace referencia a la compra de un piso de lujo en el Paseo de las Castellana de Madrid en noviembre de 2002, cuando Zaplana acababa de incorporse al gabinete de Aznar en la Moncloa. El pago por la adquisición del inmueble es produjo a través de un crédito hipotecario concedido por la CAM a Zaplana y su esposa por valor de 1,6 millones de euros (270 millones de las antiguas pesetas).
No hace muchos días que preguntaba extrañado a algunos dirigentes socialistas y a un alto cargo muy vinculado a uno de los ministros teóricamente más cercanos a ZP cómo es que algunos miembros del gabinete monclovita apenas si habían tenido espacio en el debate del Estatut catalán. Me refería, claro está, a esas personas que se sentaban junto a Zapatero en las ruedas de prensa -"eso te lo aprendes en dos días"- cuando aún estaban en la oposición cual hermanos Dalton: López Aguilar, Jesús Caldera, Jordi Sevilla... La guardia de corps de ZP ha permanecido alejada del ruido estatutario, fuera de cuadro en la imagen, callados y silenciosos. "Es que este es un tema que se ha decidido que asuma personalmente Zapatero", me decía una de estas personas consultadas. Me quedé con la mosca detrás de la oreja. Más bien con la impresión de que en el PSOE los papeles estaban claros, o no tanto. ZP, Maragall y Montilla parecen los protagonistas de la película estatutaria: El primero como presidente comprensivo y receptivo a las reivindicaciones autonómicas; el segundo, como catalán-español; y Maragall como nacionalista emboscado en las filas del puño y la rosa. Pero, ¡ay! Algo ha pasado en las últimas semanas. Montilla, el hombre destinado a conducir el Estatut por aguas más tranquilas, ha quedado tocado, muy tocado por el asunto turbio de los créditos de La Caixa, y se ha enrocado en su personal batalla anti COPE y El Mundo. Ha montado la barricada en Barcelona -muy rentable para los nacionalistas- y se dedica ya casi en exclusiva a contestar los golpes que llegan desde la capital. Así pues, ha quedado absorbido por la batalla, quemado. ¿Pero entonces, a quién le toca el papel de recortador? Pues está claro. Los desaparecidos Lopez Aguilar, Sevilla y compañía -que para mi que nunca tuvieron clara la aventura estatutaria- comienzan a hacer acto de presencia. Y lo hacen con la tijera en la mano, como el ministro de Justicia, que advierte ahora que el término "nación" debe desaparecer del texto sustituido por la más ambigua fórmula identidad nacional catalana, y señala además la falta de consenso en España para llevar adelante la reforma tal como está planteada. La cuestión es seguir mareando la perdiz. Recuerdo hace algunas semanas una entrevista de Sevilla en El País, publicada curiosamente cuando comenzaban a llegar comentarios sobre las razones de la desaparición del Ministro de Administaciones Públicas del debate estatutario (que si a algo afecta es precisamente a las Administraciones Públicas). ¿Y qué dijo Sevilla en esa entrevista? Pues precisamente eso, que había que meter la tijera al Estatut. Parece que los amigos de ZP, a los que el presidente tenía algo abandonados -será por eso que llaman el síndrome de La Moncloa- vuelven. Y lo hacen con las encuestas en una mano y el cuter en la otra, mientras el PP sigue empujando por la derecha y dejando claro que la gaviota sólo aspira a retornar al poder y que los consensos en temas de Estado son cosa del pasado.